Siempre me ha gustado la magia, desde bien pequeñito. Recuerdo cómo los viernes por la noche veía el «Un, dos, tres» enterito sólo para ver si actuaba esa noche Tamariz. Años después descubrí que en el «TelePrograma» venía esa información. Lástima de horas perdidas.
La cuestión es que, como en todo, cuanto más profundizas, más aprendes. A mí me gusta la magia con cartas. En un primer momento aprendes unos juegos básicos, matemáticos. No hay «trampa», sigues un proceso lógico, y una y otra vez obtienes el resultado esperado para sorpresa de tu público.
Tras esto te centras en la habilidad. Aprendes a barajar sin que una sola carta se mueva del sitio, a controlar cartas, a forzar que un espectador elija la carta que tú quieres, y un sinfín de manejos básicos y no tan básicos de la baraja.
Y por último viene la parte que más me fascina. La psicología. Cuando escuchamos hablar a un mago, muchas veces creemos que el discurso es casual. Hay magos en los que efectivamente lo es. Y otros en los que cada palabra está medida, para hacerte creer algo que no está ocurriendo. Y lo que más me gusta. Cómo consiguen que lleves tu atención adonde ellos quieren. Tú centras tu atención donde el mago quiere, y en la puerta de atrás es donde está ocurriendo la magia, frente a tus narices y sin que te des cuenta.
Por desgracia ya no veo la magia con ojos de niño. Cuando me hacen un juego, presto atención a todo excepto a lo evidente. Es curioso ver cómo un mago puede estar haciendo un juego con la mano derecha y yo no despego el ojo de su mano izquierda.
Juan, estupendo. Ya sabemos que a tus padres les fastidiabas la velada de los viernes noche con el Un, dos, tres. ¿Y?
Es para ponerte en contexto queridx lector/a. Por deformación profesional (amateur en realidad, muy amateur) tiendo a prestar atención a lugares donde la mayoría de la gente no tiene el foco en ese momento.
En tiempos de pandemia, estamos pendientes de lo obvio. Tenemos un drama montado de tres pares de narices, y no es para menos. Gente muriendo sola por falta de medios, sanitarios jugándose el tipo día sí, día también, todos encerrados en casa…
Nuestro día a día gira en torno a que encuentren una vacuna, preocuparnos por nuestra salud, la de nuestros familiares, asustados por que la empresa en la que trabajamos eche el cierre porque no pueda soportar este parón, porque a nuestro negocio le lleguen las ayudas de turno que no llegan o por qué dirá nuestro amado líder en una sesión de nuestro programa favorito «Aló Presidente«.
Y con todo este panorama yo estoy mirando hacia otro lado. A las pensiones. Sí, amigues (soy súper moderno), estoy con un ojo puesto en las pensiones.
Te aviso que con este post no pretendo ni hacer un análisis sesudo del futuro de las pensiones ni un batiburrillo de números ininteligible. Pretendo analizar la situación desde una perspectiva de sentido común. Y te hago spoiler de la conclusión a la que llego. Si hace tres meses estábamos jodidos fastidiados, ahora estamos jodidos fastidiados y medio.
Las pensiones antes de la pandemia
No me voy a extender mucho aquí. Se ha hablado mucho ya sobre esto. Las pensiones antes de la pandemia estaban mal. Muy mal.
Edad de jubilación «ampliada» a 67. Vamos camino de los 70.
Se está barajando tener en cuenta el 100% de la vida laboral para el cálculo de la pensión (recuerda, ese empleo mal pagado que tenías con 20 años mientras estudiabas, contará).
La seguridad social en quiebra técnica (no lo digo yo, lo dice el tribunal de cuentas), un agujero de casi 70.000 millones en la «hucha» de las pensiones (lo voy a repetir por si no has prestado mucha atención, setenta mil millones de euros). Insisto. 70.000.000.000€.
Y en 2018, España a la cabeza de Europa en cuanto a tasa de reemplazo/sustitución. Con dos cojones.

Y por si esto fuera poco, con las pensiones desindexadas del IPC, para que suban más aún… sin poder pagarlas (comentario impopular, qué se le va a hacer).
La pirámide poblacional es la que es. El cuento de cotizar hoy para tener el día de mañana ya no se lo cree nadie. Los que cotizamos hoy, pagamos a los pensionistas de hoy. Lo puedes llamar sistema Ponzi, estafa piramidal, como prefieras… Y cuando nos toque cobrar a nosotros va a faltar gente. En su día, el sistema tenía sentido. Hoy, ya no lo tiene. Y nada cambia, no sea que no me vuelvan a votar.

Ante esto podemos hacer dos cosas.
- Técnica del avestruz. La más común. Metemos la cabeza bajo tierra (el culo se queda fuera, ojo). Que pase lo que tenga que pasar, yo estoy «a salvo» con la cabeza metida bajo tierra.
- Ser consciente de la situación y tomar medidas al respecto desde la responsabilidad personal.
Pues espera, que vienen curvas.
Las pensiones después de la pandemia
Para ver lo que el futuro depara a nuestras pensiones, vamos a tratar de ver un poco más allá en el tiempo. En base a la situación actual vamos a intentar «adivinar» cuál va a ser el escenario que tendremos cuando pase el estado de shock en el que estamos sumidos.
Algo ha cambiado dentro de nosotros y va a quedarse durante mucho tiempo.
Yo me siento frágil. Hasta hace poco sentía que tenía todo bajo control. A nivel financiero, muchos años de trabajo y estudio han dado sus frutos. Llevo una vida que me encanta. Hago lo que quiero. Tengo una familia que no me la merezco. Me siento querido y tengo la suerte de poder dar amor.
Y viene un bicho y todo se va a tomar por culo. Se nos puede llevar por delante a cualquiera. Por suerte contamos con la ciencia de nuestro lado. Los que saben se ponen a trabajar y estoy seguro de que en un plazo «razonable» de tiempo tendremos una vacuna lista. Pero quizás la próxima ocasión no dispongamos de un plazo «razonable» de tiempo.
La seguridad, el control que nos ha llevado toda una vida sentir, desaparece de un plumazo. Y eso genera MIEDO.
Y el miedo lo cambia todo. Desde cómo nos relacionamos a cómo nos movemos.
El turismo, en cuarentena
No hace falta ser ninguna lumbrera para deducir que uno de los sectores que peor parados van a salir por esto es el sector del turismo.
El turismo representa casi el 15% de nuestro PIB. OJO, el 15%. El sector sin duda con más peso dentro de nuestra economía, seguido muy de cerca por la construcción. Y no sólo eso. Casi 2,8 millones de empleos de manera directa (INE). De los indirectos mejor ni hablamos. Nos guste o no, España es un país de sol y playa.
Y con el miedo instalado en el corazón de nuestra sociedad, el turismo va a tardar mucho, pero mucho en recuperarse. ¿Va a reducirse a cero el turismo a partir de ahora? Lo dudo, pero estoy seguro de que nos vamos a mover con mucha menos «alegría». Sobre todo a nivel internacional, cuando estamos en casa nos sentimos más seguros. Lamentablemente esta sensación de falsa seguridad es eso, falsa, ya que el mundo está globalizado a todos los niveles, para lo bueno y para lo malo.
Así que uno de los pilares de nuestra economía, en cuarentena, nunca mejor dicho. Ya tenemos nuestra primera piedra en el camino.
El bloqueo empresarial
Vamos con la segunda piedra. El bloqueo.
El país está bloqueado. Hemos pasado de 100 a 0. El consumo está reducido al mínimo. Consumimos lo básico para subsistir, y así nos queda todavía una temporadita.
El dinero está parado. No fluye de los bolsillos de los consumidores a los productores. Y los productores seguimos teniendo obligaciones que cubrir (pagar). Se ha parado la economía. Hay una crisis de demanda (no consumimos) y de oferta (obligación de parar a muchísimas industrias, comercios, etc.).
Este bloqueo va a llevar a muchos pequeños empresarios y autónomos a la ruina. Se obliga a parar a las empresas para evitar la propagación del virus. Me parece lógico y necesario. Sin embargo, a fecha de hoy, aún no hay una solución real para este parón. Se prohíben los despidos. Claro que sí guapi. Cada uno en su casa. Y la empresa pagando sueldos y seguros sociales de empleados. «Ya lo recuperarán». No, no todos los modelos de negocio son «recuperables», esta medida me parece un auténtico despropósito.
Y los ERTES se van a mirar con lupa.
Tal y como lo veo, se está gestionando para dar una falsa sensación de seguridad al trabajador. «Tranquil@, no te van a despedir del trabajo». Efectivamente. No te van a despedir. Tu empresa se va a ir a tomar viento.
Conozco de primera mano el tejido de la pequeña y mediana empresa en España (formo parte de él). Y estoy seguro de que muchos de los negocios o autónomos que se han visto obligados a echar la persiana, no la van a volver a levantar. Y digo más. La economía de muchos de estos pequeños empresarios quedará lastrada de por vida.
Traducción: más paro y deudas, ya veremos si cobrables o no.
Y sí. Ya lo sé. 200.000 millones de €uros en ayudas. Veremos cómo se materializan… si en ayudas de verdad o en avales para que presten dinero los bancos y hacer la pelota más grande.
Una cosa es segura. Esos 200.000 millones de €uros no los tenían guardados en un cajón para sacarlos en caso de necesidad extrema. Ni se los han encontrado debajo de una piedra. No. Esos 200.000 millones los vamos a pagar tú, yo y tu vecino del cuarto.
Vienen tiempos – fiscalmente hablando – muy duros. Yo estoy mentalizado de que viene un expolio a corto plazo…
La deuda soberana
Y vamos con la tercera piedra en nuestro camino. La deuda soberana. A efectos de lo que nos interesa, la española.
En España debemos hasta de callarnos. Antes de que todo esto estallara, la deuda era de más del 95% del PIB. Un dislate.
No tenemos ni para comprar una sombrilla en el mes de Agosto. Lo preocupante es que no somos los únicos, somos muchos países los que estamos en esa situación. Cualquier imprevisto nos coloca al borde de la quiebra. Y menudo imprevisto nos acaba de surgir…
No me voy a enrollar con este asunto. Da para un libro entero. Concretamente «La gran trampa«, de Daniel Lacalle. Si queréis pasar un mal rato y leer un libro de terror de no ficción, echadle un ojo.
La recuperación
Llevo semanas escuchando hablar de «recuperación en V«… ya sabéis, expertos periodistas (o no) tertulianos de programas sin ningún tipo de intencionalidad en sus mensajes (nótese la fina ironía).
¿En serio? ¿Estamos locos?
Hay dos cosas muy claras. La primera es que hemos pasado de 100 a 0. Hemos pasado de llevar una vida completamente normal a estar recluidos en casa. Y tan real como esto, es que no vamos a pasar de 0 a 100. Volvemos a la normalidad, y aquí no ha pasado nada.
PUES OIGA, QUERIDO TERTULIANO, VA A SER QUE NO.
Antes de continuar, voy a detenerme en los diferentes «modelos» de posible recuperación.
Ya sabes que la bolsa es un indicador «adelantado» de la economía a pie de calle. Los que saben, dicen que lleva unos 6 meses de adelanto. Vamos a ver qué posibilidades tenemos.
Recuperación en «V»
Tan pronto como baja, sube.

Hace no mucho tiempo tuvimos ocasión de vivir una «V». En Diciembre de 2018 los mercados parecía que iban a desmoronarse. En apenas un mes cayeron casi un 20%. Un par de meses después ya estábamos haciendo nuevos y sucesivos máximos (bolsa americana, ojo).
En este tipo de movimientos no vemos ni causa ni efecto trasladados «a pie de calle». Ni sufrimos los motivos de la caída, ni disfrutamos de la recuperación. La vida siguió con normalidad.
Recuperación en «U»

Esto ya es más peliagudo. Año y pico cayendo (que se dice pronto, pero hay que «vivirlo») y recuperación, lenta, pero «segura». Eso sí, más de 4 años para volver al punto 0. Esta situación SÍ se traslada a pie de calle. No hay más que recordar todo lo ocurrido entre 2008-2010, y lo especialmente duros que fueron esos años (y alguno más) para España. Aquí se nos juntó la crisis financiera con la del ladrillo. De ahí que la situación española haya sido más una «L» que una «U».
La temida «L»

Castañazo, y ahí nos quedamos. Parece que recupera, pero no. Hay «mar de fondo» y mucho que arreglar para recuperar el buen tono. Y años y años después seguimos sin recuperar el punto 0. Lamentablemente creo que estamos abocados a esto.
No sé lo que va a pasar, no tengo ni idea, ni nadie lo sabe. Pero abordando las cosas desde el sentido común, pinta todo muy feo. Para llegar a esta conclusión no me estoy apoyando ni en indicadores ni en razonamientos bursátiles. Hay quien dirá que está todo «descontado». Sinceramente creo que cuando salgamos del shock vamos a tener un «solar» en el ámbito económico-financiero. Y eso no está descontado. Ojalá me equivoque.
No voy a entrar en argumentaciones médicas, ya que no soy epidemiólogo ni experto en enfermedades infecciosas (seleccionador nacional de fútbol sí que soy, pero eso lo dejamos para otro día) para justificar que no podemos retomar el 100% de la actividad con normalidad, pero de lo que sí estoy seguro es que esta pandemia va a dejar cicatrices, y no pocas en nuestra manera de comportarnos.
Como sociedad, hemos sentido miedo, y eso pasa factura. Vamos a mirar dos veces antes de cruzar, vamos a evitar ese abrazo y esos dos besos «innecesarios» (o quizás más necesarios que nunca) y en general vamos a ser más prudentes en todos los ámbitos de la vida (por lo menos a corto plazo).
Seguramente nos lo pensemos dos veces antes de cambiar al último modelo de smartphone cuando el que tenemos funciona perfectamente. No lo critico, al contrario, me parece fenomenal. Pero si el dinero no se mueve, salir de esto va a costar más de lo que creemos. Repito, hemos pasado de 100 a 0, y quizás nunca volvamos al 100.
Sumemos. Frenazo al consumo (creo que van a surgir nuevos ahorradores, no hay mal que por bien no venga), frenazo a la actividad económica en general, aumento del paro y una enorme presión fiscal (tiempo al tiempo), ponen las cosas muy pero que muy cuesta arriba.
¿Con este panorama cómo veis el tema de las pensiones? Yo, francamente negro.
Hasta ahora, el espejismo de las pensiones se ha mantenido 1) aumentando la deuda y 2) incrementando la presión fiscal.
La deuda está en niveles estratosféricos, y va a estar en niveles extraestratosféricos (o peor aún, reventamos). Y el incremento de presión fiscal, que va a haberlo, me parece que va a ir para tapar otros agujeros.
No sé si habremos llegado a un punto de no retorno, pero si no hemos llegado, estamos más cerca que nunca.
Y ante esto ¿qué hago?
Tomar responsabilidad. Y hacerlo de forma individual. No esperes a que nadie venga a resolverte el asunto.
Tienes dos opciones. Sentarte, esperar y que alguien nos lo solucione. Ponte cómodo, que igual te cansas. O tomar acción.
Empieza por el ahorro fruto de tu trabajo, y continúa con la inversión. No, no te vas a forrar en 4 días, y posiblemente ya llegues tarde, pero con constancia y tiempo mejorarás MUCHO tu situación.
Conclusiones
A nivel general, lo cierto es que cuando, por fin, logremos acabar con el bicho y se nos pase el estado de shock en el que estamos sumidos vamos a encontrarnos con un problema grave a nivel económico.
Como sociedad, no sabría qué responder. Si esto es un hecho aislado, puede que con el paso de los años volvamos a comportarnos y a relacionarnos como lo estábamos haciendo hasta ahora. Si esto se convierte en «habitual», se acabó la vida tal y como la conocemos. Espero que no ocurra. Y pase lo que pase, siempre, saldremos reforzados.
Y sobre las pensiones… Estaba convencido que de mi generación en adelante no íbamos a ver ni un euro. Esto creo que no ha hecho más que acelerar las cosas y a ti, que estás leyendo esto y tienes unos añitos más que yo, seguramente también te afecte.




